Es una realidad que para muchos niños acudir al dentista puede representar una experiencia estresante, ya que son especialmente sensibles al ambiente de la consulta y, por ejemplo, los olores, sonidos e iluminación asociados a un ambiente clínico contribuyen a incrementar sus niveles de ansiedad.

Todo esto ha llevado a un grupo de investigadores de la Universidad Hebrea de Israel, a estudiar los efectos del ambiente sensorial sobre los niveles de ansiedad infantiles durante dos visitas rutinarias al dentista.

Los investigadores han observado las reacciones de 35 niños con edades comprendidas entre los 6 y los 11 años. De ellos, 16 mostraban algún trastorno del desarrollo.

SE midió el grado de ansiedad que mostraban los jóvenes pacientes durante cada visita. En la primera ocasión se mantuvo el ambiente típico de un gabinete dental, incluida la iluminación fluorescente y una lámpara dental sobre la cabeza. En cambio, para la segunda se creó un ambiente distinto que modificara la experiencia de los niños durante la consulta. No se empleó ninguna lámpara sobre la cabeza, se reemplazó por una lámpara con color que realizara un movimiento lento y repetitivo, en tanto que la higienista apuntaba a la boca del paciente con una lámpara LED. También se añadió música relajante, se les rodeó con un cinturón pesado que produjera una sensación similar a la de un abrazo y se incorporó un leve efecto vibrador al sillón.

Como resultado, comprobaron que las muestras de ansiedad de los menores se reducían considerablemente en el nuevo ambiente creado. La duración promedio del comportamiento típico de un niño con estrés disminuyó de una media de 3,69 minutos a 1,48 en la mayor parte de los casos. Pero la respuesta aún fue mejor en los niños con trastorno del desarrollo, cuya media pasó de 23,44 a 9,04 minutos.

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