En los últimos años, los dentistas han observado en sus consultas cómo las caries en niños han aumentado, debido a una mala higiene sobretodo en el caso de pacientes que usan aerosoles para tratar patologías respiratorias y en el caso de la lactancia materna en niños que ya no son bebés.

El uso de aerosoles produce, como efecto secundario, la disminución de la saliva, lo que provoca que los ácidos ataquen con mayor facilidad a la boca, por lo que debe extremarse la higiene tras su aplicación para evitar patologías bucales. En este sentido, es fundamental cepillar los dientes después de la aplicación del aerosol o, al menos, realizar un enjuague o beber un vaso de agua y, en el caso de los bebés, pasar una gasa por las encías y los primeros dientes.

En cuanto a la leche materna, ésta es rica en nutrientes y también en azúcar, hasta el punto de que los dentistas la equiparan a la leche condensada en sus efectos sobre el esmalte dentario. La forma de beneficiarse de los nutrientes y prevenir problemas bucales es pasar, tras las tomas, una gasa por el interior de la boa del bebé, con el fin de arrastrar cualquier resto que haya podido quedar adherido a los dientes. Debido a que cada vez las madres mantienen durante más tiempo la lactancia, dado los efectos beneficiosos que aporta para la salud del niño, debe extremarse la higiene de la boca del pequeño y, en ningún caso, que éste se quede dormido en la toma por la noche, ya que en tese periodo del día, se produce menos saliva, lo que facilita el ataque del ácido a las piezas dentales.

Asimismo, para evitar la conocida como “caries de biberón”, que además es de rápida evolución, no debe darse, en ningún caso, chupas al bebé impregnado de azúcar, miel o leche condensada, ni biberones con zumos naturales, ni siquiera en caso de que éstos no contengan azúcar añadido.

 

GACETA DENTAL Nº 246, ABRIL 2013